EL MUNDO NECESITA MAS FANTASIA

El nacimiento del genio DALIEl nacimiento del genio DALI

 

 

<< "El mundo necesita más fantasía. Nuestra civilización es demasiado mecánica. Podemos convertir lo fantástico en real, transformándolo en más real que lo que realmente existe">>

         Dalí

 

Salvador Dalí fué uno de los pilares del SURREALISMO.

El término Surrealismo fue acuñado en 1917 por el crítico de arte y poeta Guillaume Apollinaire. En 1924 André Breton lo utilizó para describir un movimiento políticamente radical que aspiraba a cambiar la percepción del mundo.

...Soy un delirio viviente y controlado...
Así comienza Dalí, el capítulo "Cómo devenir paranoico-crítico" de su libro Confesiones inconfensables:

Yo soy porque deliro, y deliro porque soy. La paranoia es mi misma persona, pero dominada y exaltada a la vez por mi conciencia de ser. Mi genio reside en esta doble realidad de mi personalidad; este maridaje al más alto nivel de la inteligencia crítica y de su contrario irracional y dinámico. Derribo todas las fronteras y determino continuamente nuevas estructuras de pensar.

 

"Para mí, el erotismo debe ser siempre FEO,

 lo estético DIVINO,

 y la muerte, siempre BELLA"

                                      Dalí

 

 

Durante los años treinta el Surrealismo traspasó los límites de lo que era un movimiento artístico radical de vanguardia y llegó a influir en diferentes ámbitos como el cine, el teatro, el diseño, la moda y la publicidad. Para algunos, la asimilación del Surrealismo por parte del mundo comercial debía ser algo aceptado e incluso celebrado, mientras que para otros iba en contra de los principios políticos del movimiento

 

 

Dalí Tenía treinta y tres años y había llegado a París.Lo había hecho de la mano de Joan Miró.

 Su método de trabajo que él llamó paranoico crítico, lo publicó en una revista que condensaba en sus páginas al movimiento surrealista llamada Minotaure.

 Allí escribían jóvenes amigos y colegas con sus mismas inquietudes. Su artículo se llamaba;

 "Mecanismo interno de la actividad paranoica".

 

Dalí, colaborador de cineastas como Buñuel y Hitchcock y afluente principal del surrealismo comercial, decía: «Trato de crear cosas fantásticas, cosas mágicas, como en un sueño. El mundo necesita más fantasía. Nuestra civilización es demasiado mecánica. Podemos convertir lo fantástico en real, transformándolo en más real que lo que realmente existe». La potencia magmática de las imágenes que manejaban estos artistas explican sólo en parte el éxito del surrealismo, término acuñado en 1914 por Apollinaire, que tomó cuerpo diez años después en el manifiesto de André Breton

 

LA ENTRADA FALSA

 

La puerta que se vé en la imagen corresponde a una puerta simulada que el propio Salvador Dalí pintó en una de las paredes del castillo de PÚBOL.

 

SALVADOR EL HERMANO DE DALI

 

Salvador Dalí nace en Figueras (Gerona), el 11 de mayo de 1904. Tuvo un hermano que nació y murió antes de que él viniera al mundo y que se llamaba igual, Salvador Dalí.

 

Según el mismo Dalí se trata de: "...un método espontáneo de conocimiento irracional basado en la objetivación sistemática de asociaciones e interpretaciones delirantes...".

La extraordinaria imaginación de Dalí produjo ideas que el relacionó y acercó a nosotros mediante la manipulación de imágenes y objetos conocidos

 

Dalí nos "aclara":

 "...lo practico con éxito aunque no sepa hasta ahora muy bien en qué consiste exactamente. En términos generales, se trata de la sistematización más rigurosa de los fenómenos y materiales más delirantes, con la intención de hacer tangiblemente creadoras mis ideas más obsesivamente peligrosas. Este método no funciona si no se posee un motor blando de origen divino, un núcleo viviente, una Gala - y sólo hay una.".

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"Un día Dalí me dijo: ‘Fes sempre el que et roti' (haz siempre lo que te dé la gana). Y me obligó a prometérselo. Y se lo prometí"

"Dalí me permitía estar en su estudio de Portlligat mirándole mientras pintaba. A veces se pasaba 30 minutos viendo caer una gota de pintura..."

"¡Yo viviría varias vidas sólo mirando piedras! A Dalí le sucedía eso: pasó sus últimos cuatro años de vida contemplando un muro por la ventana"

"Una piedra me sirve un día para una mejilla, otra para una nalga... Yo no bajo a buscar esas piedras: me paseo, y ellas me encuentran a mí"

"Hoy hay gente que, para entrar al Museu Dalí, hace cola durante 3 horas y media. ¡Dentro de cien años las colas serán de 6 horas y media!"

 

 

Víctor-M. Amela - 14/09/2003
Cada tarde de los últimos nueve años de su vida, Salvador Dalí la pasó en compañía de este hombre: Antoni Pitxot, pintor.

¿De qué hablaban?

Yo le leía, él me preguntaba cosas... Le gustaba que le pusiera la música de "Tristán e Isolda", que le adormecía, sobre todo en el pasaje en que llega Tristán. "Quan arribi Tristán, pots marxar", me decía. "I, sobre tot, torna demà...!"

Si Dalí tuvo alguna vez un amigo, Antoni Pitxot lo fue. En 1974, al inaugurar su Teatre Museu, Dalí decidió que los cuadros de Pitxot figurasen permanentemente en la planta alta. Y luego nombró a Pitxot director del museo.

Todo un honor.

 

Me quejé: "¡Soy pintor, no gestor!". Me respondió: "¡Es exactamente lo que quiero: un director que no haga nada! Tú eres ideal". Porque ese museo es una instalación: ¡es la última gran obra de Dalí!

No vale retocarla, pues.

Nada hemos tocado. Ahora están de moda las "instalaciones" en el mundo del arte, ¿no?: es lo que Dalí hizo con su museo hace 30 años. ¡En todo lo que hizo, Dalí siempre se anticipó a todos en años!

Y es el museo más visitado de España.

"¡Las colas, fotografiad las colas!", nos decía Dalí. Las consideraba el mejor homenaje a la pintura, al arte. Este año lo visitarán más de 1.200.000 de personas. ¡Hay gente que hace colas durante tres horas y media...!

El 2004 será el año Dalí, el año del centenario de su nacimiento. Es algo que ya se respira en el ambiente...

¿Y qué pasará con Dalí dentro de otros cien años, en su segundo centenario, en el 2104?

¡Que las colas serán entonces de seis horas y media!

Antoni Pitxot es hombre de una modestia infinita. Su obra pictórica es singularísima, y a Dalí le entusiasmaba. Pero nadie le pregunta a Pitxot por Pitxot, sino por Dalí... Y él, tan feliz: ¡le apasiona hablar de Dalí durante horas!

 

 

¿Cuándo vio usted a Dalí por primera vez?

Sería hacia 1950... Al final de cada verano, en Cadaqués, Dalí invitaba a mi padre a ver el cuadro que había pintado ese verano, y aquel verano había pintado su "Santa Cena".

Perdone, ¿qué vínculo había entre su padre y Dalí?

El padre de Dalí, el notario Dalí, era amigo íntimo del hermano de mi padre, mi tío Pepito Pichot. Mi padre, Ricardo Pichot, era violoncelista (discípulo predilecto de Pau Casals): tenemos un retrato al óleo que Dalí -con 16 años- le hizo en 1920 tocando el violoncelo. Y Dalí había empezado a pintar influido por mi otro tío, Ramón Pichot.

¿Por qué?

A los 10 años, Dalí pasó un verano en el Molí de la Torre, cerca de Figueres, que era de mi tío Ramón Pichot, que vivía en París y era pintor impresionista. Cada mañana, el niño Dalí veía el primer rayo de sol de la mañana impactar en uno de sus cuadros impresionistas (un paisaje de la cala Jugadora), en el que además mi tío había pegado fragmentos de mica: aquellos brillos hipnotizaron al niño Dalí.

¿Y allí se puso a pintar?

Sí. Sobre una vieja puerta de madera pintó un bodegón de cerezas. Me explicó que oía el ruido rítmico de los batanes del molino, y que a cada golpe él daba una pincelada de rojo, una por cereza, y luego lo mismo con los puntos blancos, que eran los brillos. Y luego empezó a pegar sobre la pintura los rabitos de verdad de las cerezas, y, en su delirio, luego quiso hasta ponerles los gusanos reales de las cerezas...

Aquel niño Dalí ya era Dalí...

¡Sí! En ese momento irrumpió el tío Pepito Pichot, que exclamó: "Això és genial!". Dalí me contó: "Aquella fue la primera vez que oí a alguien decir que yo era genial...". Casi setenta años más tarde, Dalí me pidió que le acompañase al Molí de la Torre, a ver si encontrábamos en el desván aquella vieja puerta pintada. No la encontramos.

Lástima. Pero me relataba su primer encuentro con Dalí...

 

 

Sí. Aquel verano de 1950 yo tenía unos 16 años, y fui con mi padre a casa de Dalí, en Portlligat, a ver su "Santa Cena". Contemplamos el maravilloso cuadro. Luego, señalándome, mi padre anunció a Dalí: "Aquest nen pinta amb intenció".

¿Sí? ¿Ya pintaba usted?

Desde un día en el colegio, a los 10 años, en San Sebastián ... Por la Guerra Civil, mi familia había huido de Figueres (una bomba destruyó nuestra casa) y de Cadaqués. Vivimos un tiempo, a principio de los años 40, en San Sebastián, y en el colegio había un profesor de dibujo que se llamaba Juan Núñez Fernández... ¡que resultó ser el mismo que había enseñado a dibujar a Dalí en un colegio de Figueres 30 años antes!

¡Increíble casualidad!

Sí. Núñez me hizo dibujar un busto de Séneca, le gustó y sentenció: "Parece que tenemos un artista...". Yo no sabía ni qué quería decir eso...

Pero le bautizó como artista.

Sí. Y decidí que sí, que yo sería pintor. Lo deseé obsesivamente. Y lo he sido. Obsesivamente. Nunca he querido ser otra cosa que pintor.

¿Qué dijo Dalí al saber que usted pintaba?

Nada. Años después, en 1972, Dalí se presentó en casa, aquí, en Cadaqués. Habló con mi tía Mercedes (eran amigos), viuda de Eduardo Marquina, y subió a mi taller. Fue mirando mis cuadros, canturreando. Y se fue sin decir nada.

¿Nada?

Al salir, sólo le dijo a mi tía: "És l'Opus Dei de la pintura". Aún no sé qué quiso decir...

Pero le gustaría, porque se la llevó a su museo...

 

Sí. Al día siguiente me telefoneó: "Quiero exponer tu obra de forma permanente en mi museo, y que colabores conmigo". Y lo inauguramos el 28 de septiembre de 1974.

¿Qué le gustaba a Dalí de estos cuadros suyos?

Que eran "ultralocales", un "delirio ultralocal", decía.

Desde luego que lo es: Pitxot pasea cada mañana por la playa de piedras que hay al pie de su casa. Suele llevarse algunas al bolsillo... Luego las sube a su taller. ¡He visto ahí montones de piedras! Con ellas, Pitxot compone figuras humanas, verdaderas piezas escultóricas, escenas completas. Y luego se sienta ante el lienzo en blanco y...

Y pinta usted esas figuras, figuras hechas con piedras.

¿Qué más puedo pedir? Una me sirve un día para una mejilla, otra para una nalga... Yo no bajo a buscar esas piedras: me paseo y ellas me encuentran a mí. Será por algo... Misterio. Cada piedra expresa algo en cada momento, algo de lo que me pasa, son reflejos de mi vida. Algunas las tengo aquí hace ya 30 años, y han sido parte de diversas figuras. Otras son de ayer...

Eudald Carbonell me dijo que todo son formas de conciencia, empezando por las piedras...

Un día la ciencia demostrará eso con irrebatible certeza. Para mí, cada piedra está cargada de información, de imágenes...

Pero... ¿no le aburre pintar siempre piedras?

¡Yo viviría varias vidas sólo mirando piedras! A Dalí le sucedía eso: pasó los últimos cuatro años de su vida contemplando un muro.

¿Qué muro?

Un muro de su Teatre Museu: lo veía desde su ventana en la Torre Galatea. Era un muro erosionado, desconchado, de piedras irregulares, fango, cemento... Mirar eso le bastaba.

¿Qué tenía ese muro?

Todo: las sombras, los reflejos del sol, los colores cambiantes... ¡Dalí me rogó que jamás reparásemos ese muro! También Piero Di Cósimo veía dragones en los esputos sanguinolentos que los tuberculosos lanzaban sobre el muro de un hospital. Y pintaba esos dragones.

Uag.

De joven, Dalí podía pasar horas contemplando únicamente una roca. Y yo le he visto en su estudio quedarse inmóvil durante 30 minutos -¡repito: 30 minutos!- tras una pincelada cargada de óleo de linaza y resina de ámbar, mirando la lenta caída del goterón que se deslizaba tela abajo.

¿Qué veía ahí Dalí?

Las fuerzas del cosmos. La gravedad y otras fuerzas están en la forma y el desplazamiento de esa gota.

 

¿Tenía usted el privilegio de ver pintar a Dalí?

Fui el único al que Dalí permitía estar allí, sentado en su estudio de Portlligat, mirándole mientras él pintaba. Mi presencia era la única que no le inquietaba ni perturbaba. Un día me preguntó: "¿No te aburres?". Le dije que me fascinaba, que la pintura era mi religión y que pagaría una fortuna por ver durante cinco minutos a Velázquez pintando. Al oír esto dejó caer el pincel y la paleta y exclamó: "¡Yo, por esos cinco minutos, sería capaz de arruinarme!". Y ya no pintó más ese día.

¿Le dio Dalí algún consejo?

No. Un día me dijo: " Fes sempre el que et roti" (haz siempre lo que te dé la gana). Es más que "haz lo que quieras", es "lo que te salga de dentro". ¡Y me hizo prometérselo!

¿Y se lo prometió usted?

Por supuesto. Y cumplo.

Él lo hizo toda su vida, ¿no?

Dalí era siempre una sorpresa, un espectáculo de visiones, de ideas. Le desbordaban, le brotaban.

¿Por ejemplo?

Decía que los errores y accidentes no hay que corregirlos y que los accidentes indican cosas y debemos aprovecharlos. Él lo hacía. Un día, estábamos sentados en una terraza de la rambla de Figueres y cayó un rayo cerca. Dalí dio un salto de medio metro y dijo: "¡Tienes que pintar ‘La tempestad' de Giorgione!, el cuadro más misterioso de la historia de la pintura!".

¿Lo hizo?

Sí. Está en esta exposición... También una vez me dijo: "Si coges una brazada de piedras de tu playa y las desparramas sobre una mesa, obtendrás ‘La batalla de Constantino', de Rafael. ¡A ver si eras capaz de pintar eso". Y aquí lo tiene...

Maravilloso...

Él tenía razón: la composición de formas y colores del cuadro de Rafael se corresponde con las tonalidades de estas piedras de Cadaqués.

 

 

Vuelvo a Dalí: ¿estaba Gala presente mientras él pintaba?

Sí, a menudo. Un día, allí, ella me preguntó: "¿Es usted creyente?". Respondí que si me ponía a razonar, me inclinaba por no creer. Al oír esto, Dalí dejó de pintar: "¡No es así! ¡Yo, cuanto más reflexiono, más creo en Dios!". Dalí era luliano: aspiraba a llegar a Dios mediante la razón, no por la fe. Yo hoy pienso que la ciencia demostrará un día la existencia de Dios. Vivo con esa esperanza.

Para acabar, cuénteme alguna anécdota daliniana.

Provocó un cortocircuito y un incendio en Púbol por el placer de ver en la penumbra las chispas que saltaban del pulsador eléctrico para llamar a la enfermera. "Eran tan bonitas", dijo...

¡Igual que de niño con los brillos de la mica o de las cerezas!

Exacto. Pero hay un momento con Dalí que me encanta, maravilloso: paseábamos un día por una calle y vimos un perro echado en la acera. Y Dalí, que iba cogido de mi brazo en el lado en que estaba el perro, me dijo: "Antoni, ponte tú a este lado, por si muerde".

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